Geotermia
El aprovechamiento de la energía geotérmica de baja temperatura basa su principio en la capacidad que tiene el subsuelo de permanecer a una temperatura constante a lo largo del año. Esta capacidad le permite absorber o ceder gran cantidad de calor, y es la fuente de energía geotérmica.
Cuanto mayor sea la profundidad a que se mida la temperatura, menos fluctuaciones se observarán. Debido a la diferencia de temperaturas entre el ambiente y el terreno (en invierno el suelo está más caliente que el ambiente y en verano a la inversa, más frío que el ambiente), con la ayuda de una bomba de calor geotérmica podemos climatizar un edificio o una vivienda con una eficiencia mayor a los sistemas actuales.
Una bomba de calor geotérmica, que aprovecha las propiedades de la geotermia, es más eficiente que una bomba de calor convencional, así que consumirá menos energía generando el mismo confort, ahorrando gastos y colaborando a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los intercambiadores de calor enterrados, elemento fundamental de las bombas de calor geotérmicas, están constituidos por una tubería plástica (generalmente polietileno) de alta resistencia y gran duración que se entierra debajo de la superficie del suelo a una cierta profundidad (normalmente entre 1 y 5 metros). El líquido anticongelante que circula por su interior, intercambia calor con el subsuelo a medida que recorre las tuberías.
Si se desea calentar una vivienda, el fluido saldrá más frío que la tierra y se irá calentando, absorbiendo el calor almacenado en ella y entregándolo a la bomba de calor. Si se desea refrigerar un recinto, el fluido saldrá con el calor absorbido del interior y se irá enfriando, cediendo el calor que tenía al subsuelo y retornando más frío.
Las instalaciones con bomba de calor geotérmica consiguen reducir el consumo de energía hasta un 75%, garantizando un funcionamiento fiable y eficiente incluso en los días más fríos del invierno y los más calurosos del verano.
